sábado, 2 de julio de 2011

Rodolfo Walsh y la biblioteca de la abuela

Hoy por la mañana vi en canal Encuentro un documental de los tantos que han hecho sobre Rodolfo Walsh. La verdad que es una figura que me sigue impresionando gratamente. Desconocía la experiencia de Prensa Latina desde el año 1959 a 1961. Desconocía, también, su amistad con Jorge Ricardo Masetti y con Rogelio García Lupo. Pero era previsible. Me debo ver el nuevo documental sobre Masetti "La palabra empeñada" así como la lectura del texto de Jorge Masetti Hijo El furor y el delirio. La novela de Lanata Muertos de amor sobre la experiencia en Salta de Masetti no me gustó. Supongo porque el fuerte de Lanta no es la novela. Lo más llamativo fue que, cuando en el documental se comienza a hablar sobre las reuniones de intelectuales "clandestinas" en quintas alquiladas en el conourbano bonaerense, después de la noche de los bastones largos, supongo, aperece Noé Jitrik, presentado como amigo de Walsh. Jitrik, entre otras cosas, comenta que, por esos días, Walsh estaba leyendo una novela de Gilles Perrault, escritor francés, cuyo título es La orquesta roja, novela que a Walsh lo tenía muy entretenido, según Jitrik, y en la que Walsh se veía a sí mismo, en la que veía su porvenir como hombre-militante.
Al instante, aquel autor francés y aquel título resonaron en mi mente: recordé que al hacer junto con mi hermana Micaela la requisa de los libros de Tota, mi recientemente fallecida abuela con la que yo vivía, ese título me había llamado la atención; sobre todo el nombre del autor: no recuerdo si lo había escuchado nombrar en las clases de literatura francesa de Malvina Salerno en la FFyL de la UBA durante el segundo cuatrimestre del año 1998. Pero el nombre resonaba en mi mente. Y sobre todo, la editorial: estaba editado por EMECÉ, en el año 1973. Supongo que asocié inconscientemente el nombre de la editorial EMECÉ al de Jorge Luis Borges y por eso el recuerdo. Empecé, al instante, a reflexionar: ¿el momento que recuerda Jitrik en el documental es anterior a 1973? Yo creo que sí. Entonces Walsh la debe haber leído en francés, pues la primera edición francesa es de 1967, L' Orchestre Rouge por Librarie Anthème Fayard. Pero como yo no sé si Walsh sabía leer francés, quizá, supuse, haya tenido la oportunidad de leer alguna versión inglesa, hay una del año 1969, o alguna traducción al castellano anterior a la que EMECÉ publicara en 1973. Cuando vino Pablo, el comprador de saldos de la calle Corrientes con quien mi hermana y yo nos pusimos en contacto, dejó este título junto con otros títulos de la biblioteca de la abuela. Supongo que de allí, de esa coincidencia imprevista de acontecimientos, que surgiera mi risita cómplice con aquel movimiento del destino: Noé Jitrik nombraba a aquel autor y aquella novela que habían quedado grabados en mi mente, vaya uno a saber por qué. ¿Cómo habrá llegado a las manos de la abuela aquel texto de Perrault? Después, comentándole esta coincidencia a mi viejo, me dijo que la novela era suya. Entonces me dije: "¿Por qué subestimé el gusto y las lecturas de Tota, mi abuela? ¿Porque la mayoría de los títulos eran Best-Sellers románticos o de temas jurídicos como los de John Grisham?". Sin duda que aquel texto había llegado allí no por su propia inquietud lectora sino por préstamo o sustracción, como un Best-Seller más: le gustaban las intrigas fáciles y rápidas de leer. El comprador de saldos, por su parte, se llevó todos los Best-Sellers: claro, él conoce su negocio; y el texto que entusiasmó tanto a Walsh quedó en el fondo de la caja de cartón junto a un ejemplar de Alicia en el país de las Maravillas, de Lewis Carrol, que pertenecía a mi hermana Micaela y que, como ex libris dice en su primera página: "Micaela Pérez, 2º A". El ejemplar presenta tapas duras (que ya no están) y una contratapa roja, acompañado el texto con ilustraciones en blanco y negro. Yo tenía de la misma colección Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne y El último de los mohicanos de James Fenimore Cooper. Deben de andar por la biblioteca del altillo de mis viejos. Espero que mis hijos algún día los lean. Es un ejemplar de la Biblioteca Billiken Estudiantil de Editorial Atlántida y dice "Las novelas más famosas para niños y jóvenes. Obras maetsras de la Literatura Universal". Es la séptima edición, impresa en el año 1983; claro Mica empezó segundo grado de la primaria en 1984 en un colegio cuyo nombre no importa. Aquella colección de Editorial Atlántida existe desde mediados de los sesenta: la primera edición del libro de L. Carrol data de 1965. Rodolfo Walsh murió asesinado el 25 de marzo de 1977. Mica nació en 1976. Los libros impresos van guardando nuestra historia personal en sus anotaciones, en sus movimientos en el espacio y en el tiempo; y nos transmiten esa historia, de generación en generación, algo que los modernos libros electrónicos no pueden transmitir, aunque quisieran.
El texto de Perrault se salvó. Tampoco se lo di a mi amigo Matías: le regalé los de Tom Clancy y Robert Ludlum que leía la abuela y que a él le fascinan. Tampoco se fue con el lote de Frederick Forsyth, lote que conservó mi viejo, pues muchos títulos le pertenecían y los había perdido de vista (vemos cómo los libros cobran una vida propia), pues es un autor muy respetado por él. Enigmáticamente, el texto de Perrault permaneció en la caja de cartón con los otros pocos libros maltrechos que no encontraron un destino cierto. Permaneció en la caja hasta el día de hoy.
Este azar programático, esta casualidad, este señalamiento de las coincidencias me lleva por un solo camino: tengo que leer La Orquesta Roja. Cada cual tiene su propio sistema de coincidencias con los libros; lo importante, estar atento para decodificar esas señales que nos marca, si se quiere, el destino.

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